La asunción de la Nf suele llegar después de superar una serie de etapas marcadas por la incertidumbre y la confusión, el desconcierto, la oposición y el aislamiento, la rabia y la tristeza. Son emociones normales ante una situación inesperada, que con el paso del tiempo y la ayuda de los seres queridos suelen desembocar en una última fase de aceptación y adaptación.

La persona afectada o su familiar  permanece en una etapa durante un tiempo diferente por lo que se hace obligatorio respetar los ritmos de cada uno. Cada persona tiene que encontrar sus propios recursos  pero existen algunas estrategias generales que pueden ayudar a manejar el proceso:

  • Vivir el presente
  • Buscar soluciones: Aunque no se pueda elegir las circunstancias que se estén viviendo, sí se puede elegir cómo responder ante ellas.
  • Autocuidarse: Descansar, alimentarse adecuadamente, dedicar tiempo a actividades gratificantes y distractoras. Premiarse y darse caprichos cuando se consiga un objetivo.
  • Expresar las dudas, emociones y miedos. Realizar una escucha activa: no quitar importancia a lo que siente el otro.
  • No generalizar: Aunque hayan ocurrido situaciones complicadas en el pasado no tienen por qué volver a repetirse.
  • Comprometerse: Fijar metas realistas y alcanzables, motivantes en el corto y medio plazo.
  • Confiar en el equipo médico y consultarles todas las dudas.
  • Evitar que la enfermedad sea el centro de la vida: Se puede seguir trabajando, haciendo actividades y teniendo momentos felices y positivos.
  • Establece tus propios límites y pide ayuda si la necesitas.

Vivir con una enfermedad crónica plantea nuevos retos a una persona. Aprender a afrontar esos retos puede ser un proceso largo. Pero entender lo que te ocurre y participar activamente en el cuidado de tu salud te ayudarán a afrontarlos. Mucha gente descubre que el hecho de adoptar un papel activo en el tratamiento de un problema de salud crónico le ayuda a sentirse más fuerte y más preparada para enfrentarse a muchas dificultades y pruebas que les depara la vida.

Ante el diagnóstico de una enfermedad cuyo pronóstico no se puede determinar es normal que prevalezca una sensación de indefensión.  De igual manera, la persona puede quedarse anclada en alguna de las primeras etapas del proceso de aceptación, no evolucionar y afrontarlo mal. Si esa sensación prevalece en el tiempo y causa un malestar que impide llevar una vida normal es importante pedir ayuda profesional.

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